El mundo duele.
Cada vez un poco más.
La Tierra sufre por nuestras acciones, por el poco respeto que la raza humana le tiene a la vida…
Pero, ¿cómo vamos a respetar el planeta si ni siquiera tenemos compasión y respeto entre nosotr@s?
El mundo duele.
A veces, comparado con todo lo que pasa, parece egoísta preocuparnos por nuestros pequeños problemas cotidianos si tenemos un techo, un plato de comida y no vivimos en un país en guerra.
Sin embargo, negar lo que nos pasa tampoco tiene sentido.
El mundo duele… y también duele cuando las cosas no salen como esperamos en nuestras pequeñas batallas del día a día.
Tenemos que darle lugar a nuestro sentir y a nuestro dolor. Pelear con eso suele generar mucho más desgaste de energía que aceptarlo y procesarlo.
Aceptar el dolor y la decepción también es lo que nos permite apreciar con más intensidad el amor, la belleza y el placer.
Porque todo eso también existe.
Y también está disponible para nosotr@s.
¿Cómo sostenernos cuando la decepción es tan grande?
Durante mucho tiempo me hice esa pregunta.
Busqué muchas formas.
Y la respuesta que encontré fue esta: con un cuerpo que se sienta seguro.
Si mi cuerpo se siente como un hogar, si me siento enraizada, puedo sostenerme.
Si mi cuerpo está preparado y dispuesto a sentirlo todo, me siento más anclada a la vida.
Cuando me siento conectada a mi cuerpo y a mi deseo, tengo más confianza en mí y en el universo.
Sostener la incertidumbre se vuelve posible cuando hay una certeza en el corazón.
Y para saber qué hay en mi corazón, la única forma es darme el espacio para escucharlo.
(Esta es mi respuesta, lo que me sirve a mí, pero cada quien puede encontrar la suya.)
Esta semana se me vino mucho a la cabeza la canción “Nos veremos otra vez” de Serú Giran.
Hay una frase que dice:
“Si debes ser fuerte, en estos tiempos
Para resistir la decepción
Y quedar abierta mente y alma
Yo estoy con vos”.
Después de años de trabajo con la bioenergética, hoy esa frase se me vuelve literal.
Aunque yo le sumaría una palabra más: quedar abierta en mente, cuerpo y alma.
Siento que compartir esta herramienta —que tanto me ha transformado— es mi forma de aportar un pequeño granito de arena.
Porque cuando nos sentimos más segur@s en nuestro cuerpo, también nos sentimos más segur@s en el mundo.
Incluso cuando el mundo duele.
Si querés empezar a habitar tu cuerpo y construir esa sensación de seguridad, te dejo una clase gratuita de bioenergética para que puedas experimentar de qué se trata:
Y también te invito a dejarme un comentario contándome qué es lo que a vos te ayuda a atravesar la decepción.
Porque aunque a veces la vida parezca un viaje solitario,la verdad es que “no estamos solas en esta lluvia.”