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Quería comerme al mundo y el mundo me comió a mí.

La semana pasada Catriel y Paco sacaron un nuevo disco, y la canción que más me llamó la atención fue “No me sirve más”, porque justo venía reflexionando mucho sobre el tema de la VORACIDAD.

Quería comerme al mundo y el mundo me comió a mí.

"Gimme Gimme Gimme more 
Todo lo cambio por algo mejor 
Gimme Gimme Gimme more 
Mientras más tengo me siento peor"

La semana pasada Catriel y Paco sacaron un nuevo disco, y la canción que más me llamó la atención fue “No me sirve más”, porque justo venía reflexionando mucho sobre el tema de la VORACIDAD.

¿De dónde viene ese impulso de querer comernos el mundo?
¿Es un deseo auténtico… o algo que nos imponen?

Hoy la voracidad parece una forma de vida aceptada:
consumir más contenido en menos tiempo;
hacer más cursos, más formaciones, adquirir cada vez más conocimiento;
tener más cosas y cambiar las que ya tenemos por los últimos modelos;
vivir al máximo acumulando experiencias para después mostrarlas en nuestras redes
y, en paralelo, consumir la vida de otros.

Todo eso muchas veces se traduce en una constante ansiedad y un gran miedo al vacío.

¿Qué es lo que estamos queriendo llenar?

El cuerpo necesita descanso. La mente necesita aburrirse.
Pero en lugar de eso, nos llenamos de estímulos para no sentir.
Frenar da miedo porque no sabemos qué puede aparecer en ese silencio.

Y así, nos vamos robotizando. La vida se vuelve un zapping eterno.
Y cada vez nos cuesta más sostener procesos si no hay resultados inmediatos.

Pero todo proceso tiene una parte invisible, como una semilla bajo la tierra.
El movimiento ocurre en lo profundo, por eso no podemos verlo.
Si dejamos de regarla, muere, pero si confiamos y sostenemos, en algún momento aparece un brote tímido.
Y quién sabe hasta dónde puede crecer si recibe los nutrientes que necesita. 

La ambición no es el problema. El problema es no preguntarnos de dónde viene.

¿Cuánta de esa voracidad es realmente nuestra?
¿Y cuánto responde a un deber ser?

Quería comerme el mundo hasta que entendí que si no escucho lo que deseo de verdad, es el mundo el que me termina comiendo a mí.

Frenar también es elegir. Vivir la vida a mi ritmo también es un acto creativo. 

Si vos sentís que necesitás frenar y empezar a escucharte, te dejo una playlist de rutinas de bioenergética para volver al cuerpo, de a poco: https://www.youtube.com/playlist?list=PL5ETrJY9QR06FpCV7q6GH47WiJe5qDZns 

Gracias por leer, gracias por estar. ♥
Valen 



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