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No hay autenticidad verdadera sin desarme.

Una reflexión sobre la autenticidad, la identidad y todas esas cosas que creo me definen.

No hay autenticidad verdadera sin desarme.

Estos días de energía leonina tan potente, vengo reflexionando mucho sobre la autenticidad, la identidad y todas esas cosas que creo me definen. Seguida a la pregunta “¿qué es realmente auténtico para mí?”, aparece la siguiente afirmación: No hay autenticidad verdadera sin desarme. 

A lo largo de nuestra vida vamos construyendo una idea de quiénes somos. Nos identificamos con determinadas características, formas de hacer, de pensar, de vincularnos. "Yo soy así". "Yo siempre fui de esta manera"

Muchas veces ni siquiera nos preguntamos de dónde viene eso que creemos tan propio. Y algunas de las cosas con las que nos identificamos pueden tener más que ver con nuestras defensas que con nuestra esencia. Son formas que aprendimos para sobrevivir, para estar en el mundo, para protegernos de la angustia, del miedo, de la rabia o del dolor. Y sí, también son parte de nosotros, no se trata de negar lo que construimos, sino de reconocer que una coraza puede formar parte de nuestra historia sin ser necesariamente quienes somos.

Entonces me pregunto: ¿qué aparece cuando no tengo que estar alerta? ¿Cuando no siento que necesito defenderme? ¿Cuando me siento a salvo? ¿Qué queda cuando puedo aflojar un poco las estructuras que construí para poder sostenerme?

En estos días también estuve pensando en algunas cosas que durante mucho tiempo consideré parte indiscutible de mi identidad.

Por ejemplo, toda mi vida me identifiqué con ser una persona puntual. Y como la puntualidad era parte de mi identidad, llegar tarde a algún lugar era impensado, incluso por lo general era siempre la primera en llegar. Si por algún motivo externo como el tránsito me demoraba, me estresaba mucho y la pasaba realmente mal. 

Hace un tiempo, a partir de todo este proceso de bajar el ritmo, encontrar otras formas de habitar mi vida y dejar de correr, entendí que la puntualidad NO es quien soy y que tengo opciones. Puedo quedarme un rato más en la cama, puedo tomarme unos minutos más en casa, puedo elegir ir caminando hasta algún lugar para disfrutar del sol en la cara, aunque eso implique llegar un poco más tarde. 

Esto no significa que ahora mi nueva identidad sea "soy impuntual". Simplemente descubrí que la puntualidad no tenía por qué ser una cárcel, que puedo elegir. Todo ese movimiento me trajo más autenticidad que quedarme con “Soy una persona muy puntual”. 

La autenticidad no se trata de encontrar una forma definitiva de ser y aferrarnos a ella, más bien tiene que ver con abrazar nuestras contradicciones, dejarnos ver con todos nuestros matices y permitirnos explorar posibilidades que antes ni siquiera considerábamos porque no encajaban con la idea que teníamos de nosotr@s mism@s.

A mi me da mucha risa ver como en la redes se habla tanto sobre autenticidad, mientras nos bombardean de fórmulas para parecernos a otros. Nos dicen cómo vestirnos, cómo hablar, qué comer, cómo entrenar, cómo vivir. Nos hablan de autenticidad mientras nos invitan a copiar y pegar su estrategia, su prompt, su rutina etc, etc, etc. 

El copy y paste puede servir para un prompt pero no para crear nuestra vida. No hay fórmula para ser un@ mism@.

Por todo esto, quizás la pregunta para conectar con la autenticidad no sea solamente "¿quién soy?", sino también ¿Con qué cosas me estoy identificando que quizás ya no necesito seguir sosteniendo?¿Qué aparece cuando dejo de defender una identidad y me permito simplemente experimentar?

Quizás descubramos que la autenticidad tiene más que ver con desidentificarnos que con identificarnos.
Quizás nos encontremos abarcando nuevas posibilidades en lugar de encerrarnos en una forma.


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